NO ES TIEMPO PARA ROSAS ROJAS (Novela, 1975). Monte Avila. Caracas, 1975 (Col. Continente); 1983 (Col. Continente); 1994 (Col. El Dorado) y 2005 (Col. Biblioteca Básica de Autores Venezolanos). Esta primera novela de Antonieta Madrid obtuvo el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal, en 1974. Calificada por el Jurado como "...una impresionante novela cuya temática se desarrolla durante la época de la violencia en nuestro país y considerada, por el tratamiento de los recursos narrativos, como una obra extraordinaria..." (Veredicto publicado en: El Nacional. Caracas, 04/07/1974), No es tiempo para rosas rojas está ambientada en la Caracas de los años sesenta, narra la historia de un amor y un desengaño, pero este tema no es sino un pretexto para revelar la toma de conciencia de toda una generación. Enmarcada en el corpus novelístico de la Literatura de la Violencia, ha dado origen a numerosos trabajos críticos, entrevistas a la autora y Tesis de Grado y Postgrado en las universidades nacionales y del exterior. Traducida al Griego por Jorge Hurmuziades, Den einai kairos gia kokkina triandafilla fue publicada en Atenas por IFILON BIBLIA, en 1984.
Ambientada en la Caracas de los años sesenta, esta primera novela de Antonieta Madrid, narra la historia de un amor y un desengaño, al mismo tiempo que revela la toma de conciencia de toda una generación, dando un vigoroso impulso a la literatura venezolana de finales del siglo XX. Ampliamente estudiada en universidades nacionales y del exterior ha dado origen a numerosos trabajos críticos, entrevistas y tesis de grado y postgrado. Ha sido traducida al Griego Moderno por Jorge Hurmuziades. Título en griego: Den Einai Kaipos gia Kokkina Tpiantafylla, Ediciones Nea Estia, Atenas 1982 y Editorial Ifilon/Biblia, Atenas, 1984. Fragmentos de esta novela, también han sido traducidos al inglés, francés, italiano y alemán.
Opinión: "La creación narrativa más libre y lúcida sobre las circunstancias surgidas en las universidades es, para mí, la novela No es tiempo para rosas rojas de Antonieta Madrid. En ella, lenguaje, estructura narrativa, emoción y reflexión se conjugan admirablemente (...) esa novela se complementa con un conjunto de relatos de la misma autora, Reliquias de trapo, en los que la escritura alcanza la misma riqueza paródica. Ambos libros aparecen en Monte Avila". Juan Liscano. El Nacional. Caracas, 08/08/1981.
Opinión: "La década del sesenta con sus mitos y las búsquedas de una juventud que dio lo mejor de sus vidas para lograr metas e ideales quedó, en buena parte, reflejada en esta obra de Antonieta Madrid, una autora joven cuyos futuros textos nos permitirán conocer hasta qué punto la experiencia de esta novela se constituyó en un momento clave en su mundo de escritora" José Napoleón Oropeza. "El arte de desdibujar una memoria". En: El Nacional/Papel Literario. Caracas, 06/11/1983.
Opinión: "No es tiempo para rosas rojas es el producto de un proceso histórico que no sólo refleja una cierta capa social, sino América Latina completa (...) La novela ofrece una multiplicidad de significados (...) para denunciar formas de conducta de una sociedad y por último, promover un cambio social..." Alejandro Bernal "Poder, Revolución y Masculino/Femenino en No es tiempo para rosas rojas, de Antonieta Madrid". University of South Carolina. (Publicado posteriormente en: Escritura y Desafío... Monte Avila Editores. Caracas, 1995).

FRAGMENTOS:

—"...pienso en ti, Daniel Sin Nombre, pienso en ti que estás aquí conmigo, pienso en ti a quien soñé en otras noches como ésta, pienso en ti que te fundías con mis sueños, tu cara en sombras, contraída, tu chaqueta del color de la tarde; pienso en ti y mis ojos embebidos se van perdiendo en una meditación de galáxica quejumbrosa en un rincón en penumbras..."
"...nosotros tres, solos, nosotros, tres galáxicos latinoamericanos de la ge—ne—ra—ción mu—tan—te de la dé—ca—da de los se—sen—ta, acurrucados en un sótano de Sabana Grande, sobre nuestras cabezas toda aquella barahúnda de la Caracas noctámbula allá afuera. Allá, mucho más allá de las suaves luces y de nosotros tres allí solos, desgonzados, a punto de morir allí mismo sobre la mesita redonda, debajo de las luces de colores; nosotros tres allí solos unidos por la verdad y por la noche en un pequeñísimo grupo de elegidos."
"Teníamos que preservarnos, teníamos que escapar, teníamos que batirnos en lucha a muerte contra los terrícolas viciosos. Nosotros solos, nosotros tres y los demás galáxicos, tal vez en este momento agazapados en otros bares... o durmiendo sobre la hierba, bajo las estrellas... la noche girando pálida, amordazada..." (Cap 16, pag. 62).

—"No pienso en nada y te veo, te veo sentado ante una de las mesas debajo del toldo y me acerco, me acerco muy lentamente, me voy acercando al toldo amarillo y blanco y a medida que me voy acercando tú te me vas aclarando y te voy viendo todo, y me acerco, ahora sí, me acerco y tú te levantas y me abrazas suave y me das un beso rápido con tus labios secos, y me preguntas: —¿No has visto a Armando?, y yo miro a armando y le sonrío y le digo: —No sabía que eras tú, así de espaldas, y nos sentamos y tú me miras y sonríes y los tres sonreímos y me preguntas: —¿Qué quieres tomar? y yo te digo: —Una limonada y le dices al mesonero: Una limonada para la señorita, por favor y yo te miro y respiro hondo y me pellizco para cerciorarme de que todo aquello era verdad, de que estábamos allí los tres entre cielo tierra. Entre el cielo y la tierra, otra vez allí; después de aquel encuentro , que no había sido un encuentro cualquiera, que no había sido un encuentro casual y por eso estábamos allí de nuevo, riéndonos otra vez, mirándonos tú y yo. (Cap. 18, p.71).

—"Los pies se desplazan por el piso del estacionamiento, por los pasillos del edificio; los pies entran al ascensor, salen del ascensor, se desplazan por le piso seis, traspasan la entrada del apartamento sesenta y cuatro, recorren la alfombra de sisal azul pavo; se detienen los pies frente al sofá, los cuerpos caen sobre el sofá, los pies descansan sobre la mesa de cristal con patas de bronce; los cuerpos se ablandan, se encajan en los cojines. Las manos se juntan, los brazos se enroscan, los labios se besan; los cuerpos se separan, los cuerpos se alejan, los cuerpos se desplazan; las manos registran los discos, las manos escogen los discos, las manos colocan los discos en el stéreo, las manos accionan el botón; los acordes de Bach flotan por la pieza, el humo del incienso danza por la pieza, el olor a sándalo inunda la pieza, el olor de la hierba se suma al olor del sándalo y ambos impregnan la pieza de un olor extraño, las risas repercuten por la pieza... las ropas sobre la silla, las ropas sobre la alfombra, las ropas sobre la mesa, las ropas sobre el sofá, las ropas entre la cesta de las revistas.
Los labios saborean la piel salobre; los labios recorren un cuerpo salado; los cuerpos salados, saboreados se enroscan, se enrollan, se anudan, se trenzan, ruedan por el suelo, rotan, se atan, se desatan; los cuerpos resbalan, se sueltan, ruedan, se relajan, duermen, suspiran, sueñan los cuerpos, sueñan...
No era cosa de hacerte falta, no era cosa de pensar en ti, no era cosa de recordar tus ojos cuando me miran y ninguna otra cosa que tus ojos en mis ojos, mirándonos como espejos donde podía verme yo, y otra que también era yo y otra que podría ser yo y era yo misma mirándome en un espejo que contenía a otro espejo y a otro y a otro y a otro. Era que otra vez estábamos juntos y era que allí estaban los espejos reflejándose los unos en los otros. (Cap 46, pp. 175—176).
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