DE RAPOSAS Y DE LOBOS (Novela, 2001). Caracas. Alfaguara. Ambientada en un psiquiátrico, esta tercera novela de Antonieta Madrid es una reflexión, desde el punto de vista de la paciente, sobre el paradigma de la práctica psiquiátrica. También se trata de una historia de amor entre la enferma y su analista. Al mismo tiempo, la autora hace una lectura del imaginario de un hipotético país latinoamericano de la década de los noventa.
Opinión: "De raposas y de lobos es un libro en movimiento (...) un espacio narrado donde se hacen presentes las diversas historias imbricadas, entre cuyas paredes se desarrolla la trama imaginativa que la autora nos ofrece en esta bella novela construida sobre una estructura peculiar, donde todo se nos cuenta en forma abierta y cambiante, lo cual conduce a la formulación, a la proposición de una nueva escritura que para nosotros es posmoderna..." Roberto Lovera De Sola. "Taller Crítico". News Café. Caracas, Mayo, 2001.
Opinión: "Raposas y lobos sueltos son predadores que en los campos devoran al más débil... En la geométrica trampa de la ciudad, se autodevoran, se extinguen en el laberinto gris de trámites académicos, de consultas psiquiátricas, de relaciones fracasadas. Antonieta Madrid es biógrafa de angustias, confidente de mujeres entre cuyos dedos se escapa la arena del tiempo... La literatura es este montaje de filmación de la vida (...) Si algo alivia la cerril monacalidad de la literatura venezolana es la activa irrupción de las mujeres..." Luis Britto García. "Volando libremente". El Nacional, Caracas, 2001.

FRAGMENTOS
—"Soy yo, Fulvia Fénix. En el tiempo arbitrario del recuerdo todo lo puedo ver clarísimo. Aquella infausta tarde, cuando entré a la biblioteca, Marcelo no se percató de mi llegada, porque ya él no estaba allí. Sólo su cuerpo sin alma ocupaba aquel lugar. Le hablaba y mis palabras se perdían en el silencio más pertinaz. Me negué a creer que no podía escucharme y le dije cosas horribles. Me había programado para pronunciar las palabras más hirientes. Yo estaba vestida de rojo como hoy, había un demonio dentro de mi cuerpo que hablaba por mi propia boca y articulaba palabras que me eran ajenas. Mis labios se movían involuntariamente y podía escuchar mis palabras como si hubiesen sido dichas por otra persona totalmente desconocida e impredecible...
Infructuoso ha resultado el empeño. Fulvia pudo ver a los amigos de Marcelo en la barra del bar, saludándose, abrazándose, despidiéndose, pero el espíritu invocado no acudió a la cita. Ha decidido continuar la búsqueda por otros lugares. Desesperada, sale del bar y camina por La Gran Banana. Se propone esta vez partir del Centro Comercial La Boca del Lobo y recorrer los bares de la ribera sur del Donaire. Desmelenada, entra en cada uno de aquellos antros llenos de humo. Ya no espera al espíritu de Marcelo. Sabe que su fantasma no la visitará esta noche. Ahora ella busca otra cosa, algo terrible tal vez." (En: Soy yo, fulvia Fénix, sombra de mí misma, Pag.13).
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—"Soñé que el doctor Honey y Esther Sterling se amaban en la Sala de Curas de Campo de Fresas, pero no eran sus cuerpos naturales, sus figuras humanas, sino los cuerpos de dos animales sedientos, macho y hembra. Eran Lobo y Medusa tratando de acoplarse y sufrían muchísimo, ella por sus múltiples tentáculos y el enredo que provocaba su larga y exhuberante cabellera y él, por la hirsuta pelambre, la longitud del hocico, la incomodidad de las garras y todo lo demás. Se agredían a matarse. Ella apretaba y exprimía y él desgarraba y mordía. En aquella lucha angustiante por lo desigual, continuaron sin tregua hasta beber la propia sangre. Al final del sueño, como en una fotografía, permanece la imagen congelada del señor don Lobo devorándose los últimos trozos de Medusa, su antes agresiva compañera sexual, ahora reducida a un montón de hilachas..." (En: "Onírica. De lobos y medusas", Pag. 114).
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—"Allí vienen. Se acercan. En el arcano tejido de la araña me programo para la simulación. Sólo pienso en él, en mi amor. A ella, la elimino, la saco del cuadro y veo cómo se va empequeñeciendo hasta desaparecer. La he omitido de la secuencia. Ya no es mi personaje. La he sacado del guión. La echo del escenario. Zoom out. Se desbordó. Ya no aparece en la pantalla, apenas un ojo inmenso, inidentificable, el lóbulo de una oreja como una mancha amorfa. Ha quedado fuera de la pantalla y fuera de la historia, ha quedado reducida a un recuadro marginal como la figura de un lector de noticias para espectadores sordo—mudos.
Pero se resiste a salir y aún permanece en una esquina del cuadro, dando manotazos, haciendo extrañas señas, arañando la pantalla con sus larguísimas uñas puntiagudas y pintadas de un rojo oscuro. Si la aislo, si la enfoco, puedo verla: los pómulos salientes, los labios finos, alargados, ya cerrados en un rictus de amargura, ya entreabiertos pronunciando palabras inaudibles. Allí continúa en el recuadro su figura desactivada: sobreimpresión de razas y de etnias, huellas de migraciones minoritarias. Pervivencia. Sincretismo. Crisol. Transculturación.
Ahora sólo queda él. Él solo en la pantalla en un close—up único que he comenzado a percibir en todo su esplendor, dilatado, realísimo. Sólo él me interesa. He captado su cara. Sus ojos que sólo miran mis ojos. La expresión serenísima. Los labios entreabiertos como si fueran a pronunciar un nombre, mi nombre: FULVIA. Fulvia Fénix soy yo y me cuesta creerlo. Sus ojos brillan con un fulgor secreto y en lo más profundo de sus pupilas, puedo ver el reflejo de esa luz como en una imagen láser... Puedo ver mi propia imagen proyectada en sus ojos como un holograma que se amplifica y así puedo verlo en todos sus detalles. Y ahora tengo la certeza de que mis sueños con el doctor Honey, mi doctor Miel, no han sido producto de la fantasía de una histérica, ni del delirio de una enferma mental, sino que corresponde a la más indiscutible y objetiva realidad. A mis ventisiete años, en Campo de Fresas, Cáscaras, Zuelanueva, en el Continente de las Nuevas Letras..." (En: Arácnida. De las ensoñaciones. Pag. 223).
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